El defensor - Ministerios Ebenezer Guatemala

El defensor
Anciano Sergio Licardié
Guatemala, 27 de abril del Año de la Misericordia
En Lc 2:29-32 LBA leemos que cuando Simeón vio a Jesús en el templo, al octavo día de Su nacimiento, dijo que sus ojos habían
contemplado la salvación de Israel. La palabra salvación se traduce del griego Soteríon-G4992, que significa defensor o defensa,
salvación. Según el diccionario secular, un defensor es quién protege contra un asalto, ataque o daño. Es decir que cuando alguien
nos quiere hacer daño y no lo logra, es porque el defensor (Jesús) se manifestó a nosotros. Defender también es mantener una
posición por argumentos o evidencias, esto nos habla de que si el Señor dice algo respecto a nosotros, tal cosa es cierta y la debemos
creer. Otro significado de defender es servir como un abogado, y sabemos que nuestro abogado defensor es el Señor. Esta palabra
también significa probar la validez de un tema por medio de argumentos y preguntas, lo que nos habla de que si el enemigo se
presenta con diferentes argumentos para acusarnos, el Señor nos defenderá. Defender también es querer retener un título por
oposición, como en una competencia frente a un contrincante. Esto nos muestra que, como hijos de Dios, tenemos un enemigo que
está constantemente contendiendo para que caigamos, pero tenemos un Dios poderoso que nos guarda y defiende.
La palabra Soterión solo es mencionada cinco veces en las Escrituras. Al analizar cada una de ellas, podemos ver que guardan cierta
relación con los cinco ministerios primarios, por ejemplo: En Lc 2:30 la vemos relacionada con el ministerio apostólico, en Lc 3:6 con
el profeta, en Hch 28:28 con el evangelista, en Ef 6:17 con el pastor y en Tito 2:11 con el maestro. Estas cinco ministraciones fueron
dadas por el Señor para nuestro equipamiento ministerial y para ayudarnos en la defensa de nuestros hogares.
Al leer Lc 2:30 LBA, vemos que Simeón esperaba ver la consolación de Israel. La palabra consolación se traduce del griego
paraclésis, que en nuestro lenguaje sería lo opuesto a la tribulación. Nosotros debemos anhelar la consolación que viene de Dios. En
Lc 2:25 LBA se hace mención acerca de las características que Simeón poseía, y siendo que a él se le manifestó la salvación en su
faceta apostólica, entonces debemos examinar esas características y ver si las mismas son halladas en nosotros. En primer lugar,
Simeón es descrito como un hombre justo. En términos bíblicos, una persona justa es aquella que no tiene una balanza falsa (Pr 11:1
CST). Si trasladamos este concepto a nuestros hogares, podemos decir que una balanza falsa (injusta), se puede dar cuando
deseamos que las bendiciones del Señor sean de manera abundante sobre nosotros, pero cuando se trata de dar a los nuestros no lo
hacemos en la misma medida; es decir que actuamos con egoísmo. Por el contrario, el obrar con justicia en nuestros hogares es
atender las necesidades de nuestro cónyuge, proveer para los nuestros, educar a nuestros hijos e instruirlos en los caminos del
Señor, así como también dedicarles tiempo, escucharlos, ministrarlos adecuadamente y corregirlos con amor. A su vez, las esposas
deben amar y respetar a sus esposos mientras que los hijos deben actuar con justicia hacia sus padres y honrarlos.
Simeón también era un hombre piadoso. Ser piadoso, según el diccionario, es actuar con bondad y ser compasivo. También este
término es visto como estimación adecuada de una cosa, reverencia, o una persona que toma en serio las palabras y promesas de
Dios. Si hemos recibido promesas del Señor debemos esperar su cumplimiento con fe. Así como Simeón esperaba la consolación de
Dios para Israel, igualmente nosotros debemos esperar por la consolación de Dios cuando estemos atravesando por valles de sombra
de muerte, o cuando sintamos que la prueba se ha intensificado y creemos desmayar. Nuestra confianza debe ser depositada
plenamente en Dios y saber que para Él no hay nada imposible, que todo cuanto nos ha prometido será cumplido en Su tiempo, pues
Dios no se ha olvidado de lo que le hemos pedido, ni de la palabra que nos ha dado. Ciertamente Su consolación llegará a nuestras
vidas, solo debemos reposar en Él y perseverar.
Redactado por: Hna. Nancy de Ávila
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