iv congreso interocéanico de estduios latinoamicanos, x seminario

“Arquitectura neocolonial e identidad. El periplo de un estilo del Centenario al Bicentenario”.
Verónica Cremaschi.
Palabras Clave: Neocolonial, identidad, continuidades, nacionalismo, representaciones sociales.
Hipótesis:
1) Si bien el Neocolonial apareció simultáneamente en América Latina, Mendoza presentó
particularidades. La representación social de la identidad en la provincia estuvo condicionada por
la falta de testimonios materiales, lo que propició la permeabilidad a estilos arquitectónicos
identificatorios foráneos. Esta particularidad regional desapareció durante el período peronista, al
transformarse el estilo en plan de gobierno. Durante el peronismo el cambio en la representación
social de identidad influyó en la elección del repertorio del Neocolonial, se optó por modelos
“despojados” más reproducibles en una arquitectura de masas.
2) En la actualidad ciertos rasgos del estilo se han combinado eclécticamente creándose una
arquitectura que responde a una representación social de identidad de base más amplia, fruto de
la posmodernidad.
Desarrollo:
Tratar sobre la problemática del Arte Latinoamericano encierra complejidades.
Latinoamérica es unidad en la diversidad. Sin embargo, a pesar de las diferencias, existen rasgos
históricos, económicos, sociales y artísticos comunes en estos países. Uno de ellos es la
permanente tensión de la búsqueda de la identidad; Bayón ha afirmando “… el problema del
¿quién soy? se ha ido reflejando en lo que nuestros hombres han pintado, esculpido, modelado o
construido. Y eso puede entenderse, independientemente del hecho de que las respuestas hayan
sido en un sentido o en el otro: puesto que ambas respuestas son americanas” ( BAYON, 1979).
Con la conmemoración del centenario de los procesos de independencia de los países
latinoamericanos, se indagó acerca de las identidades de las naciones. Se encontró en los modelos
del pasado una representación idealmente universal de lo que era la identidad de cada pueblo. El
interés no fue tanto reconstruir la realidad de antaño como un deseo de encontrar elementos de
cohesión que otorgaran estabilidad y seguridad en el campo de las representaciones. En este
marco surgió, como respuesta de la arquitectura, el Renacimiento Colonial o Neocolonial. Su
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aparición se produjo en forma simultánea en distintos países, a pesar de que mantenían poca
comunicación cultural entre sí (Amaral.1994: 14). Si bien es probable la influencia de Estados
Unidos, que después de la Primera Guerra se transformó en exportador de modas arquitectónicas,
no hay que olvidar que los mencionados países atravesaban momentos políticos y sociales
similares.
Las manifestaciones del Neocolonial se materializaron en Mendoza en distintos
ejemplos y variantes. Las tendencias nacionales del primer momento (1910-1930) fueron
introducidas por el arquitecto Álvarez, que había participado de la “Revista de Arquitectura”,
donde se publicaron por primera vez las innovaciones del estilo, y en 1917 fue nombrado Jefe de
Arquitectura y Director de Obras Públicas de la provincia. Se destaca, durante este primer
momento, el uso de variantes pintoresquistas, sobre todo en el área urbana.
El caso de Mendoza es interesante ya que presenta peculiaridades que van a imprimir
un carácter particular a la adopción del estilo Neocolonial. La provincia no contaba con vestigios
coloniales luego del sismo de 1861. La pérdida total que significó el siniestro hizo que no se
tuviera una referencia físico-material del pasado colonial y facilitó la creación de
representaciones diversas acerca del pasado material (Ponte 1992.:64). Esta situación propició el
ingreso de estilos foráneos. Así se produjo la rápida asimilación de lo hispánico. Dentro del
repertorio Neocolonial se utilizaron los que presentaban riqueza ornamental, entre ellos el
Neoplateresco. Su carácter escenográfico y exterior fue útil a los propietarios para manifestar
sus deseos de pertenencia y la construcción de su identidad. Las fachadas en este estilo estaban
cargadas de símbolos que fueron utilizados por la nueva burguesía inmigrante. A través de ellas
se expresaba, por un lado, la intención de formar parte de los debates de la época del país
receptor y por otro, materializaban el status al que las nuevas clases aspiraban.
La decoración de las fachadas neoplaterescas
les daban a las obras privadas
trascendencia en el ámbito público, debían emplazarse en sitios para “ser observadas”.
La importancia de lo decorativo se relaciona con la exterioridad de la ciudad de Mendoza.
La valorización otorgada al bulevar y veredas como lugares de encuentro se incorporó a la
imagen de ciudad moderna, esta exterioridad fue típica del nuevo trazado urbano (Ponte
1999:114).
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La composición por medio de fuertes volúmenes otorga la apariencia de masas compactas
y poderosas. La falta de acabado con pintura y la utilización de distintas arenas en las fachadas
dan a estas construcciones un aspecto pétreo y sobrio. Este aspecto acompaña a la iconografía,
realizada por medio de molduras, que refiere a la fortaleza, el poder, la protección, etc.
Los mencionados elementos plásticos otorgan una apariencia señorial con la fuerza
expresiva de la volumetría en bloque y la sutil delicadeza de lo innumerables elementos
decorativos.
Estas características fueron adecuadas para transmitir los anhelos de la elite inmigrante
en su intento de inclusión social. Las viviendas se trasformaron en objetos de lujo deseables,
cargadas de simbolismos para comunicar las aspiraciones de esta clase en ascenso.
El Renacimiento Colonial en Argentina conoció un primer punto de inflexión con el
Golpe de Estado de 1930. Entre esta fecha y 1955 el estilo se extendió desde la esfera privada
hacia la pública, adaptándose para construir sedes ministeriales, escuelas, hospitales y barrios
(Gutiérrez, 1994:72). Durante la década del ´40 el estilo fue simplificándose, se circunscribió a
las afueras de las ciudades materializándose en casas de fin de semana. Un segundo punto de
inflexión se produjo con la llegada del peronismo al poder (1946-1955). Lo influyeron, entonces,
las transformaciones de la representación social de la identidad que tuvieron su manifestación en
la arquitectura “nacionalista”. El interés por establecer esta representación, como concepto
forjado en el pasado de la generación del centenario, se sustituyó por la intencionalidad de crear
una de base más amplia que incluyera valores populares y emotivos.
El pasado y las actitudes revisionistas características de la etapa anterior no fueron asunto
prioritario para el peronismo. La intención nacionalista y popular del partido llevó a utilizar el
estilo Neocolonial, que en décadas anteriores había sido usado exclusivamente por las clases
elitistas, en obras públicas de gran envergadura como hoteles sindicales, escuelas, monumentos,
etc. Se concretaron en el estilo planes masivos de vivienda, fue muy aceptado entre las clases
populares que se apropiaron simbólicamente del confort de los estratos alto y medio. (Petrina,
1994:291). La intención del gobierno fue “argentinizar todo aquello que pertenece a los
argentinos” (Perón cit. por Segovia, 2005: 99). Se optó por las variantes más austeras en cuanto a
lo decorativo, dejándose de lado el Neoplateresco, tan utilizado anteriormente en ejemplos
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urbanos burgueses. Se recurrió, al denominado Mission Style o Californiano, oriundo del sur de
Estados Unidos.
En la provincia, los cambios más radicales se observan durante el segundo punto de
inflexión, el peronismo, donde se construye siguiendo la tendencia nacional. Las obras públicas
que se realizaron en este estilo fueron: ACA de Cipolletti, YPF Destilería Luján de Cuyo,
Escuela Eva Perón(1952), Barrio Bancario, Barrio Ejército de Los Andes, etc.
Hasta aquí se ha establecido el panorama del Neocolonial en tiempos modernos cuyas
representaciones sociales acerca de la identidad en la arquitectura fueron establecidas en forma
clara y de manera paradigmática, ya sea por parte de los artistas en un primer momento, o por
parte del gobierno, durante la etapa del peronismo. En el período contemporáneo, los paradigmas
van a ser más inestables y variables. Escobar lo plantea cuando dice “..el mundo global no está
construido sobre grandes síntesis sino a partir de una proliferación hormigueante, confusa, de
oposiciones simultáneas y dispersas”( Escobar. 1997:18); la misma situación se observa en el
arte.Es así que podemos encontrar elementos del Neocolonial combinados libremente con otros
provenientes de distintos estilo o epocalmente distantes. En el arte Posthistórico, como prefiere
llamarlo Danto, todo está permitido, los artistas pueden “apropiarse” de elementos del pasado y
combinarlos libremente (Danto. 1999: 27). Según las ideas de Venturi, al remitirse a lo pretérito
las obras recuperan la capacidad comunicativa que habían perdido durante la etapa del
racionalismo. Además éste resulta inadecuado para plasmar el espíritu de una época de agitación,
ya que presenta una visión ordenada y simple, frente a un mundo que se ha tornado complejo e
irónico(Montaner.1993:158).
Si bien en etapas anteriores se mezclaron las distintas líneas de Neocolonial, llegando a
veces a eclecticismos, en los ejemplos actuales la simplificación y la hibridez han creado un
estereotipo innumerablemente repetido.
Al utilizar los elementos del estilo, los arquitectos logran la identificación inmediata de los
comitentes y del público en general, ya que forma parte del imaginario de vivienda tradicional
burguesa. Estos elementos son superficiales y permiten la transmisión inmediata de sensaciones y
referencias (Ibíd. :16), gozan de enorme popularidad, se han transformado en un producto de
consumo masivo.
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Podemos observar cómo han proliferado viviendas con elementos neocoloniales como tejas,
galerías porticadas, ventanas con molduras,
en las afueras de las ciudades (incluyendo
Mendoza); lugares que, según define Petrina, se presentan como la caricatura de un country club
“colonialoso” (Petrina ,1994:293). Según el mismo autor este fenómeno debe ser analizado por la
sociología pero no por la arquitectura.
Conclusión:
El considerar al Arte Latinoamericano como unidad es positivo ya que, con una mirada
proyectiva, sirve a los fines de hacer frente a las culturas hegemónicas de Europa y Estados
Unidos, que han pretendido, en muchas ocasiones, presentar nuestras expresiones como un reflejo
pasivo de sus manifestaciones estéticas. Desde los años ’70 se ha comenzado una intensa
actividad teórica sobre el arte de América Latina, y, si bien falta mucho camino por recorrer, se
ha abierto la discusión.
El caso del tan cuestionado estilo Neocolonial ejemplifica esta situación, ya que ciertos
autores sostienen la aparición simultánea por exclusiva imitación del Mission Style californiano,
siendo que los procesos de circulación de ideas artísticas nunca se producen de manera
unidireccional y pasiva.
Las particularidades de Mendoza no la excluyen del proceso del Neocolonial
latinoamericano. El hecho de que sea una ciudad sin vestigios coloniales y su pasado haya sido
una “construcción” tal vez un poco arbitraria, es una situación común de este estilo. Esto ocurrió
también en La Serena, Chile cuya arquitectura original fue sustituida por Neocolonial en los ´40,
o en la plaza de Cuzco, o en el centro Histórico de Quito, o en el plan regulador de Salta, o en el
Colégio da Companhia de Jesús en Sao Paulo, por citar algunos ejemplos ( Amaral. 1994: 14).
Al entender la identidad como una representación se deduce que no es un reflejo de la realidad
sino una organización significante. Los arquitectos latinoamericanos encontraron en estas
“construcciones” lo identitario y esa representación les “funcionó” perfectamente.
Es interesante observar que en el caso de Argentina las particularidades regionales de
aplicación del Neocolonial se unificaron al transformarse este en plan de gobierno. De esta forma
el concepto de identidad en arquitectura se transformó en un paradigma que enarbolaba el estado
y que comprendía a todos los ciudadanos.
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Un último momento se observa en la actualidad, donde no encontramos una única
representación social de lo que es la identidad en arquitectura. Esto supone falta de claridad pero
presenta un sentido de libertad a los arquitectos. El estilo Neocolonial se ha diluido en el mundo
del consumo y la moda conservándose en su epidermis. Sin embargo este aparente desorden
debería ser tomado con una actitud crítica y creativa como cualquier otra situación histórica
(Escobar.1997:67).
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